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Crisis del sistema de salud en Colombia. Un síntoma de corrupción estructural.

Fernando Basto C.
Analista Político y Anticorrupción

La crisis del sistema de salud en Colombia ya no es una advertencia: es una realidad tangible que golpea a millones de ciudadanos, especialmente a los más vulnerables. Lo que estamos viviendo no es solo una coyuntura financiera o un choque político entre modelos de gestión. Es la consecuencia directa de años de corrupción, negligencia institucional y clientelismo disfrazado de reformas. Y hoy, como activista y defensor en la lucha contra la corrupción, no puedo quedarme en silencio.

He dedicado buena parte de mi vida a estudiar el comportamiento humano, el liderazgo y la administración pública. He visto cómo la corrupción destruye sistemas desde adentro, cómo se roba no solo los recursos sino la esperanza, y cómo afecta a quienes menos pueden defenderse. Y hoy, lo que sucede con la salud en Colombia es un caso de libro: un sistema desangrado por intereses políticos, económicos y mafiosos.

Cifras que no se pueden tapar

Según la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, las EPS deben más de $20,3 billones a clínicas y hospitales. Muchas de esas entidades están intervenidas por el propio gobierno. ¿Cómo se explica entonces que la situación no haya mejorado, sino que empeorara?

Más de 30 millones de colombianos dependen de EPS bajo control de la Supersalud. Sin embargo, los medicamentos escasean, los servicios se cierran, las citas no llegan, y los pacientes interponen tutelas y desacatos que el sistema simplemente ignora. La Defensoría del Pueblo reporta un aumento de más del 75% en quejas en los últimos dos años. Y en regiones como Córdoba, Bolívar, Vichada o Nariño, el abandono es total.

El sistema no colapsó solo. Lo dejaron colapsar. Y eso debe decirse sin ambigüedades.

El virus principal se llama corrupción

Muchos se pelean por el modelo: unos acusan al sistema mixto, otros quieren imponer uno estatista. Pero el verdadero problema es más profundo: la corrupción estructural que atraviesa todo el sistema, desde los hospitales públicos hasta las aseguradoras privadas.

He trabajado con víctimas del sistema, con médicos que no han recibido su salario en meses, con pacientes que murieron esperando una cirugía básica. Y he visto contratos amañados, compras infladas, EPS que ganan fortunas mientras se niegan tratamientos, y funcionarios que callan a cambio de puestos.

La salud en Colombia ha sido el negocio de mafias legalizadas, de políticos financiando campañas con recursos públicos. Y ahora, bajo un gobierno que prometía cambio, lo que vemos es más de lo mismo, solo que con un nuevo discurso.

¿Y Petro? ¿Dónde quedó el “shu shu shu”?

El presidente Gustavo Petro hablaba con tono de advertencia del famoso “shu shu shu” con el que, según él, venían por el sistema de salud. Pero si sabía lo que venía, si entendía el riesgo, ¿por qué no actuó con contundencia? ¿Por qué dejó que la crisis se agravara hasta este punto?

No basta con denunciar a las EPS. No basta con intervenirlas si no se tiene un plan claro, una gestión eficaz y, sobre todo, una voluntad real de acabar con la corrupción interna. El gobierno actual ha tenido el poder, los decretos, las mayorías en ciertos momentos… y sin embargo, no tomó decisiones estructurales. Al contrario, usó el caos como argumento para promover una reforma que ni siquiera tiene aval fiscal, y que intenta imponer por decreto si el Congreso no la aprueba.

No se puede llamar cambio a simplemente cambiar de manos los contratos. Y eso es lo que muchos tememos: que se mantenga la lógica mafiosa, pero con nuevos actores.

Mi propuesta como activista anticorrupción

No vengo a defender ni a atacar modelos ideológicos. Vengo a proponer, desde mi compromiso activo contra la corrupción, una hoja de ruta para sanear el sistema. No se puede hablar de derecho a la salud sin hablar de control, transparencia y vigilancia ciudadana.

Propongo:

  1. Una Unidad Anticorrupción en Salud con participación ciudadana real, que audite en tiempo real giros, pagos y contrataciones de EPS e IPS.
  2. Digitalización total del sistema, con trazabilidad de medicamentos, pagos al personal y contratos abiertos a consulta pública.
  3. Veedurías obligatorias en cada EPS intervenida, con poder real para frenar irregularidades antes de que sean irreparables.
  4. Una Superintendencia de Salud técnica y autónoma, con liderazgo meritocrático, sin militancias políticas.
  5. Educación ciudadana en salud y control social, porque un paciente informado es un ciudadano con poder.

El momento de actuar es ahora

Los actores políticos se siguen culpando unos a otros. Exministros del mismo gobierno se contradicen públicamente. Pacientes siguen sin medicamentos. Médicos sin pagos. IPS cerradas. Y el país sigue esperando soluciones.

Lo repito con firmeza: el problema no es solo Petro, ni lo fue solo Duque, ni Santos. Es un sistema capturado por la corrupción, que ningún gobierno ha querido desmontar de raíz.

Pero aún estamos a tiempo. Si la ciudadanía organizada, el talento humano en salud, los gremios honestos y las organizaciones de pacientes nos unimos, podemos recuperar el sistema. No con ideologías, sino con principios, ética y decisiones valientes.

Porque no es solo la salud la que está en juego. Es la dignidad de millones de colombianos. Y ningún gobierno tiene derecho a jugar con eso.

Fuentes consultadas: