Emprender en Colombia.
Menos impuestos, más eficiencia y cero corrupción

En Colombia, hablar de emprendimiento no puede limitarse a sobrevivir entre la burocracia, los impuestos altos y la desconfianza institucional. Emprender es una forma de construir país: genera empleo, promueve innovación y fortalece la ética social. Un país que estimula la creación de empresa y premia la honestidad es un país que avanza. El emprendimiento ético puede convertirse en el motor de transparencia y progreso que Colombia necesita.

Cada nuevo negocio representa una apuesta por el futuro. El emprendedor cree en su tierra, produce, contrata y tributa. Pero la confianza se erosiona cuando el entorno institucional está marcado por trámites innecesarios, corrupción o cargas fiscales que castigan al que produce.

Menos tramitomanía

En Estonia, el sistema e-Business Register permite crear una empresa completamente en línea en cuestión de minutos, gracias a la identidad digital nacional y la automatización de registros. En Chile, la plataforma oficial “Tu Empresa en un Día” posibilita constituir sociedades en apenas cuatro pasos mediante firma electrónica y sin intermediarios.

En Colombia, aunque existen avances como la Ventanilla Única Empresarial (VUE), la realidad sigue mostrando rezagos. El informe B-READY 2024 (World Bank–Doing Business Successor), citado por el Departamento de Estado de EE. UU., indica que iniciar una empresa en el país puede tardar en promedio 45 días, y la OCDE 2024 recomienda reducir la carga tributaria, los costos regulatorios y la complejidad administrativa para crear y hacer crecer negocios. Estos datos demuestran que la brecha no es tecnológica, sino de voluntad y eficiencia institucional.

El obstáculo de la corrupción

Es asumible —a la luz de los informes de competitividad y clima empresarial— que la corrupción sigue siendo uno de los principales obstáculos para el emprendimiento. Los sobrecostos derivados de sobornos, trámites innecesarios o favoritismos políticos distorsionan el mercado y castigan al empresario honesto.

Estudios del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional demuestran que los países con mayores niveles de corrupción presentan menor inversión, menor crecimiento del empleo y menor recaudación fiscal efectiva. En algunos análisis, los efectos acumulados pueden reducir el PIB per cápita hasta en un 17 % en el largo plazo, reflejando cómo la corrupción erosiona la productividad y la confianza en las instituciones.

En todo caso, es indispensable reconocer que la corrupción no se origina solo en el sector público: también se tolera y reproduce desde el ámbito privado. Formar empresarios éticos es tan importante como tener funcionarios íntegros. Países como Finlandia y Canadá incorporan desde la educación secundaria programas de emprendimiento cívico, donde se enseña gestión, ética pública y responsabilidad social como parte esencial de la formación ciudadana. En Colombia, una reforma educativa que promueva el emprendimiento con valores podría convertirse en el mejor antídoto contra la corrupción y en la base de una nueva cultura empresarial comprometida con el país.

Cargas tributarias altas desincentivan el emprendimiento

Diversos estudios recientes han mostrado que las economías más desarrolladas tienden a mantener tasas corporativas competitivas, acompañadas de instituciones sólidas y transparencia fiscal.

Por ejemplo:

  • En Suiza, primera en el World Competitiveness Ranking 2025, las tasas efectivas combinadas varían entre 11,9 % y 20,5 %, dependiendo del cantón.
  • En Singapur, segunda en ese mismo ranking, la tasa corporativa es del 17 %, con exenciones para startups y empresas innovadoras durante los primeros tres años.
  • En Irlanda, las empresas pagan 12,5 % sobre utilidades comerciales, lo que ha atraído más de 1500 multinacionales de tecnología y farmacéutica.
    Estos modelos muestran que la competitividad fiscal no implica “favorecer a los ricos”, sino incentivar la producción, la innovación y el empleo formal.

Estudios recientes confirman que tasas corporativas más equilibradas y sistemas tributarios eficientes favorecen el crecimiento.

  • Gechert (2022), en Do Corporate Tax Cuts Boost Economic Growth?, demostró que reducir la carga impositiva sobre la producción puede generar efectos positivos en el crecimiento, especialmente cuando existen instituciones transparentes.
  • Khan (2017, Harvard Business School) encontró que tasas corporativas elevadas tienden a desacelerar la inversión de capital y la productividad.
  • El IMF Working Paper 12/257 (Acosta-Ormaechea & Yoo, 2012) concluyó que los impuestos sobre la producción y las ganancias empresariales son más perjudiciales para el crecimiento que los impuestos indirectos, siempre que el gasto público sea eficiente.  En cambio, Colombia mantiene una de las tasas corporativas más altas de América Latina (35 %, según PwC 2025), sumada a recargos financieros y un sistema tributario complejo. El resultado es un entorno donde emprender legalmente cuesta más que operar en la informalidad.

Eficiencia en el recaudo

Si bien menos impuestos pueden incentivar la producción, es igualmente vital garantizar la eficiencia en el uso de lo recaudado.. Aunque existe la percepción de que reducir impuestos corporativos impulsa automáticamente el crecimiento económico, la evidencia reciente es más matizada. Un metaanálisis del Instituto de Política Macroeconómica de Alemania (Gechert, Heimberger et al., 2023), basado en 42 estudios internacionales, concluye que los recortes tributarios no garantizan mayor desarrollo si el Estado no transforma esos recursos en productividad pública, infraestructura o innovación.

En realidad, la clave está en cobrar menos, usar mejor y robar menos:

  • Menos impuestos para incentivar la producción y la inversión,

  • Más eficiencia en la administración pública para que cada peso recaudado se traduzca en resultados, y

  • Cero corrupción, porque ningún sistema fiscal es sostenible cuando el dinero termina en bolsillos privados.

 

Colombia puede y debe creer de nuevo en sus emprendedores. No hay país que progrese castigando al que produce ni permitiendo que la corrupción se vuelva parte del costo de hacer empresa.

Impulsar el emprendimiento no es regalar subsidios, sino crear un entorno justo. El Congreso debe legislar para reducir trámites, digitalizar procesos y eliminar privilegios políticos en la contratación. También debe promover incentivos para empresas que generen empleo formal, adopten prácticas éticas y rindan cuentas de forma transparente.

He dedicado más de 25 años a acompañar empresarios, emprendedores y comunidades en procesos de transformación digital, innovación y crecimiento sostenible. Sé que detrás de cada microempresa hay una historia de esfuerzo y de fe en este país.

Por eso, más que hablar de política, hablo de propósito: el de construir una Colombia donde emprender sea sinónimo de confianza y transparencia.

¿Tú qué opinas? ¿Te gustaría ver una voz como la mía representando estas ideas en el Senado?

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Fuentes consultadas