Seleccionar página

El país donde emprender da más miedo que delinquir no puede seguir así

Emprender sin miedo y vivir sin corrupción

Después de más de 25 años trabajando con empresarios, emprendedores y pymes, y luego de haber vivido una campaña al Senado desde la independencia, confirmé algo que millones de colombianos sienten todos los días: en Colombia mucha gente honesta está agotada.

Agotada de pagar impuestos mientras otros saquean el Estado. Agotada de trabajar mientras el crimen gana territorio. Agotada de emprender en medio de inseguridad, extorsión e incertidumbre. Y agotada de una política basada más en fanatismos que en soluciones reales.

Durante años he trabajado al lado de quienes generan empleo, arriesgan su patrimonio, crean empresa y sostienen buena parte de la economía real del país. He visto de cerca cómo miles de pequeños y medianos empresarios tienen que sobrevivir enfrentando no solamente los desafíos del mercado, sino también la corrupción, la inseguridad y la falta de confianza.

Por eso creo en el liderazgo con carácter, en la autoridad legítima, en la seguridad, en la estabilidad y en la necesidad de recuperar la confianza para producir y crecer. Mi slogan de campaña fue “Emprender sin miedo y vivir sin corrupción”, y hoy sigo convencido de que ese debería ser uno de los grandes objetivos nacionales.

Aunque tengo diferencias y coincidencias con distintos sectores políticos, mi decisión en primera vuelta se inclina hacia Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. No porque crea que existan candidatos perfectos, sino porque considero que Colombia necesita recuperar autoridad, estabilidad y respeto por quienes construyen país desde el trabajo y la empresa.

No veo esta elección como una pelea de extremos. La veo como una decisión sobre el rumbo económico, institucional y social de Colombia. Porque sin seguridad no hay inversión. Sin empresa no hay empleo. Y sin confianza no hay crecimiento.

Después de recorrer el país entendí algo todavía más fuerte: la mayoría de colombianos no quiere regalos del Estado. Quiere poder trabajar, progresar y vivir tranquila. Quiere oportunidades, reglas claras y un entorno donde el esfuerzo valga la pena.

Mi posición no nace del fanatismo político. Nace de haber trabajado durante décadas con la economía real, viendo cómo las malas decisiones públicas terminan destruyendo oportunidades para millones de personas. Y también nace de entender que Colombia necesita menos discursos de odio y más capacidad de ejecución.

Seguiré haciendo lo mismo que he hecho durante años: analizar, cuestionar, proponer y ejercer control ciudadano, incluso frente a quienes apoye. Porque un país no mejora cuando convierte políticos en ídolos. Mejora cuando la gente honesta puede salir adelante sin miedo.